La fiesta del sushi

  • La primera imagen que tengo es tú ahí, a un metro de mi, recibiendo el huracán.

    Me habías preguntado si me parecía buena idea otra cena con amig@s.
    Y yo te había contestado que no, bueno sí.

    A si que fuimos.

    Hacía calor en Valencia. Me habías engañado diciéndome que hacía frio. Como yo había hecho la vez que viniste a Sevilla.

    Esa mañana fuiste a coser velas de barcos , barcos en tierra, naves tristes.
    Alguien más te había elegido a ti para reparar sus alas.

    Cuando me desperté, como andaba buscando la selva, metí a la leoncita en el pañuelo verde pistacho y me la llevé a donde viven las jirafas, el león flaquito, los elefantes y los ratones sin pelo.

    Le hice una foto. Así no podrá decirme que no ha visto en su vida una jirafa.

    Dejamos que volara un águila imperial sobre nuestras cabezas y nos resistimos a salir volando detrás, porque había mucha gente, y hubiera bastado un aleteo para lo increible.

    Tres días antes había decidido adoptar a tu madre de abuela de mi cachorrita.
    Yo fui a verte a ti. Y me encontré a tu madre.

    Te das cuenta de lo maravillosa que es la vida y lo preciosa que es la gente? Yo también he visto paisajes alucinantes, me he puesto a llorar en lo alto de una montaña en mitad del Caribe al descubrir tantos tonos de azul en el mar.

    Pero no es nada comparado con tu madre.

    Mientras pasabas la tarde hablando de mi con ella, con la mujer que navega contigo, que te quiere, a la que quieres, yo buscaba el helado más grande de chocolate para esperarte.

    Llegaste . Nos subimos en el coche. Y te di un caramelo en la mano de Nahla.

    Te gusta perderte conmigo por las calles. Dar vueltas y vueltas buscando algo que no tenemos claro. Una calle que no conoce nadie.
    La cachorrita disfrutaba corriendo de pivote en pivote , pim pim pim!

    – Tu también mamá!

    Y yo te seguía vestida de seda.

    Llegamos al portal. Una reja cerrada nos advirtió. Pero pasamos por encima.

    A qué huele una casa sin niñ@s?

    A sushi.

    En la cocina presentaciones formales.

    – Habrá mujeres. Estará bien.

    Besos formales, sonrisas formales, palabras vacías.

    Empieza la fiesta. Se acabó para nosotr@s en diez minutos.

    – Mamá pis.

    Primera carrera al baño.

    – No! Quiero lavar manos.

    – Haz primero pis.

    – No, yo lava manos luego pis.

    Qué textura tiene el jabón en una casa sin niñ@s?

    Espuma. Aprietas una vez y se te llena la mano de espuma. Una montaña de espuma con olor a fresa.

    – Otra vez.

    – La última .

    – Más.

    – Nahla.

    – Quiero una ves más.

    – Éste jabón no es nuestro.

    – Una más mamá.

    – Vamos a acabar el jabón de espuma Nahla! Ya está!

    Del pasillo al salón está la cocina. Todo el mundo sigue allí. Cuidando el sushi . No me atrevo a preguntar si le va a sobrar arroz , si me daría un poco para la niña, porque pronto me doy cuenta de que no han cocido exactamente lo que necesitan los cincuenta rollitos.

    Salimos de la cocina con un trozo de salchichon que Nahla escupe en el suelo .

    Han colocado cojines, una mesita baja. Me empieza a aterrar la idea de relajada fiesta del sushi en la que nosotras somos el circo ambulante.

    Ninguna mujer se apiada de esa madre soltera jugando al escondite a las diez de la noche, ni se siente atraída por esa niña que va vestida de hada.

    Todos siguen en la cocina mirando el sushi.

    – Te haces caca Nahla ?

    – No.

    Segunda carrera al cuarto de baño. Pasando por la cocina.

    – Está atascada.

    – Sí, está atascada porque aprietas el culo, porque te aguantas.

    – Quiero lavar manos.

    – Ok. Una vez.

    – Vale, mami.

    Volvemos al salón.

    – Caca mamá.

    Corremos al baño.

    – Te has vuelto a aguantar.

    – Sí, mami. Quiero lavar manos.

    – Espera q te limpie bien. Tienes caca en la pierna! Cómo se ha pegado esa caca en la pierna?

    – Quiero lavar manos.

    – Sí, espera , tengo que limpiar la caca de la pierna! Creo que tengo otro pantalón.

    – Tienes otro pantalón? Que linda mami.

    Hacemos una montaña de espuma . Y busco la puerta.

    Pasan a veces cosas, hacemos a veces determinados movimientos como empujad@s por algo, o alguien, movimientos y decisiones inconscientes.

    Esa noche yo me di la vuelta a punto de salir del cuarto de baño.

    Y vi la caca. Caca por todas partes . Rodeando la taza entera del water.

    Mientras, en la cocina , tenían una conversación.

    – Sabéis que hay hoteles que prohíben alojarse con niñ@s? No os parece una iniciativa súper interesante y súper atractiva ?

    Agotada. Terriblemente cansada,oliendo a caca y con mi vestido de seda, vuelvo al salón y me siento en el sofá.

    Vienes, te sientas a mi lado , y me miras. Se te ponen los ojos verdes. Tengo ganas de darte un beso, que me abraces fuerte y decirte ‘ Vámonos ‘.

    Pero no lo hago. Estoy cansada, tengo sueño.

    Nahla salta de cojín a cojín. Después descubre que ocho platos y ocho vasos se pueden convertir en un tren de cristal y porcelana larguísimo. Tú vas salvando alguno del precipicio. Yo cierro los ojos.

    Entonces te muestro por primera vez esa parte terrible de mi. El huracán terrible.

    – Me quiero ir de aquí. Esto no tiene sentido. No pinto nada. No encajo. No lo ves? Yo no puedo vivir asi. Soy una mamá de una niña de dos años. Por qué no sale ninguna mujer a estar conmigo, a jugar con Nahla? Ya no puedo hacer esto. Quedar para cenar sushi. Pasar la vida en el mundo de los adult@s . Quiero darle la cena a Nahla. Tiene hambre. Estamos cansadas. No puedo socializar. Ni hablar por hablar. Ya no puedo. Ya no puedo vivir asi. No te das cuenta? Este tipo de vida ya no es mi vida . Es lo que hay . Esto es lo que soy. Lo que somos.

    – Vale. Nos vamos.

    – No. Nosotras nos vamos. Tú te puedes quedar.

    – Nos vamos l@s tres. Voy a decirlo.

    – Nos vamos a ir. Lo siento. Elena está cansada. Nahla tiene hambre. No ha sido una buena idea.

    – Pero no os vayáis! Podemos cenar ahora. A ver. Cómo te llamas pequeña?

    – Cuantos años tienes? Que rica. Que alas mas bonitas.

    – Yo es que de verdad es que no puedo más. Os agradezco la invitación. Y lo siento. Pero es que de verdad que a estas horas se me acaba la paciencia. Estoy súper cansada. Y quiero cenar y descansar. Lo siento. Es que esta ya no es mi vida. Os importa que pruebe el sushi?

    Estabas deseando irte. Yo me senté. Porque de pronto me daba mucha vergüenza. A si que senté a comer un rato.

    Siempre he comido el sushi con las manos. Pero allí lo comían con palillos. Me dio la sensación de que cada vez que metía los dedos en la soja alguien se estremecía de asco. Pero igual fueron cosas mías.

    Empecé a deshacerlo, llenándome de algas pegajosas , haciendo bolitas con el arroz para dárselo a Nahla.

    Tú esperabas tenso detrás de mi.

    – Bueno, vámonos. Gracias . Y lo siento.

    Por fin en el ascensor.

    Ese día te enamoraste de mi. Tú, que no le pones nombre al amor. Pero primero estuviste a punto de apartarte para siempre.

    Elegimos siempre. Elegimos quedarnos, o marcharnos.

    Tú elegiste quedarte, y empezaste a buscarme por dentro. Y yo , me quedé completamente desnuda delante de ti. Me descubriste.

    Y nos llevaste al mar . Nos metiste a propósito por el camino de espinos , por divertirnos, por aprender a avanzar sin hacernos daño. Caminamos , caminamos, caminamos. Y encontramos primero la arena , luego

    el mar

    Desnud@s . Nos metimos l@s tres en el agua.

    Y allí, junto al barco varado, buscando los últimos rayos de sol, sobre una montaña de arena blanca, el amor , nos hizo.

    20121016-035610.jpg

5 comentarios en “La fiesta del sushi

  1. Siempre elegimos
    Elena que bonita eres, con caca y todo
    vamos a lavarnos las manos, nahla, a mi tambien me gusta la espuma y me quedo horas y horas gastandola en las casas sin niños, por que yo soy una niña…jugamos?

  2. Si el resto de los invitados sintieran el impulso de vivir su vida y de compartirla eventualmente en un blog podríamos leer su versión de esa jornada, de esa cena. Quizá alguno o todos vieron el hada y tu vestido de seda, quizá alguno además de verlo tomó conciencia de que lo vio… La mala noticia es tener la sensación, cuando no la certeza, de que nos relacionamos con personas que no saben serlo e incluso se niegan.

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