lo mismo pero tapándote los ojos

Es como cuando dices – Jo , qué de noche y que pocas ganas de dormir. – Y te quedas despierta esperando que vuele alguna manzana sobre tu cabeza ¿O era una flecha? ¿O era yo la fecha? Y vas y te conviertes en otra tú. Y no cae nada de ningún árbol. Y se mezclan perfectamente el aceite con el agua en un zapato de cristal.

Y te vuelves a quedar como se quedan las actrices justo a punto de saltar al precipicio, que diga al escenario. Y se te quitan las ganas por fin de cualquier guerra, porque has aprendido a dejar de pelearte contigo y a no volver a confundir el amor con el gazpacho.

Y te compras un loro que aprende a decir tu nombre al revés, que es lo mismo que escribir Miel al decir Mal. Y pasa un tren, y pasas del tren. Y pasan dos trenes, y pierdes dos trenes. Y mientras, te llueve encima un amanecer tras otro y tú empiezas a olvidar para siempre para qué servían los paraguas y las sombrillas.

Y te dices – Esta vez voy a abrir la boca por si acaso. Voy a decir Sí aunque me muera de miedos de decir que No. Voy a tragarme todo el veneno para matar las pulgas que todavía me quedan. Voy a callarme y a caminar. Voy a convertirme en tren. –

Y te nacen ochenta amapolas azules. Y se viste de cielo un te quiero. Y te quieres. Y quieres a ese cuerpo que te duele y te quiere. Y te salvas. Tú, que venías ahogada del naufragio.

La próxima vez voy a hacerte lo mismo pero tapándote los ojos. Para que no veas nada, para que puedas verlo todo.

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