Ahora ya no, ahora ya tú.

Ayer, antes de cenar, enfriaste una copa de vino con las manos. Yo lo vi de lejos y no quise preguntarte nada porque hace mucho que no pasan por ese bosque tus cosas.
La magia en la que vives no tiene puertas, sólo agujeritos pequeños por donde a veces me dejas mirar. Lo escondes casi todo de los idiotas que nos preguntamos después cómo un hombre puede hablar con las piedras.
Has acostumbrado a mi cuento a vivir pidiendo tesoros a Dios. A no dejarme nada. A inventármelo todo. Puedo imaginarme sin ti todas las veces que prefiero estar contigo. Ya no sé por qué ni cuándo ni lo lejos que estaba antes de llegar a esta casa. Ni la de veces que tuve que perder las llaves y matar a quien tuviera delante con tal de chocarme conmigo.
Eres capaz de quedarte dormido mientras cualquiera habla de extraterrestres, tú no sabes que existen, tú los conoces.
Se inclina mi vida hacia la tuya cada vez que te veo hablar con los que están, “Ellos son los vivos, los que puedes ver son los muertos” y todo lo demás es mentira.
Si no hubiera sido por ti, hubiera sido por esas flores con forma de pájaros.
Nada me parece más opaco que quien dice que no ve. A veces me da pena lo cerca que tiene la gente el cuento amable, y el esfuerzo que hacen en inventarse el terrible. Todo el tiempo está eso ahí, yo lo veo pero no sé por qué. Me dan ganas de llorar cuando llaman valiente a esa forma sencilla de elegir la historia más buena. El verdadero esfuerzo es inventarse fantasmas.
No estoy cansada pero me quedo sentada leyendo y viendo películas como si tuviera que descansar por todos. No me duele el cuerpo ni necesito estirarlo. Supongo que lo que nos hacemos en la cama tú y yo, ayuda.
Abrirse no tiene nada que ver con dejarse devorar. Y es imposible amanecer al lado de alguien que nunca se hace de día. Cuántas veces habré apretado el botón de morirme y me habré quedado con cara de tonta creyendo que sin dar un paso podría salir corriendo. Ahora ya no porque ahora ya tú.
Tienes los ojos más grandes del mundo, los más altos y los más de serpiente. Mirarte es como mirarse a un espejo que escupe tu nombre.
Nadie sabrá nunca lo mucho que te quiero ni lo cerca que se sienta la gente de mí en la playa. Es tan irritante eso, con la de espacio que tienen, que se te pongan encima, podría matarlos en ese momento con mucha facilidad.
No tengo ganas de escribir desde hace días, nada me inspira y a veces siento que no tiene sentido. Estaba echándote la culpa a ti pero ahora que estoy sola me siento a la misma hora delante de la pantalla del ordenador para ver dos películas violentas seguidas. No es una enfermedad que tengo, no tiene nada que ver con eso. Si consigo sentir compasión viendo toda esa sangre, no querré matar a nadie nunca.
Y yo quiero que la mierda me huela a flores, que por otro lado, es lo único que hay en la mierda, como dijo el poeta.

Ahora voy a recoger mis cosas, voy a ponerme de pie y voy a caminar prácticamente desnuda cerca del mar hasta nuestra casa, puede que por el camino me tropiece con una piedra y a la piedra le pase lo mismo connmigo.

– Viajamor 2 –

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