Ábreme la puerta

Me está saliendo mal el crucigrama que me obliga a encajar tu nombre en cuatro casillas. Lo voy a mandar a la mierda porque me está recordando a tu madre diciéndote que dar la vuelta al mundo no tiene nada que ver conmigo. Seguro que acertaba todas las ciudades en los mapas mundis del colegio, cuando nos hacían creer que en cada punto había sólo un nombre. Cada día que pasa olvido algo y no aprendo nada. Últimamente ese es el ritmo. Estoy ahorrando tiempo de espera para más tarde.
El otro día un policía idiota de esos que están muertos, me dijo que en toda la ciudad de Las Palmas es obligatorio llevar atados los perros, echar agua con jabón cada vez que haga pis, recoger con bolsas herméticas sus cacas y tirarlas no en papeleras sino en contenedores, que tienen prohibida la entrada a todas las zonas con jardines, a las playas y a toda la avenida marítima, y que me callara la boca porque tenía razones suficientes para ponerme multas por todo.
Me callé porque a veces me posee la otra. Pero puse cara de goda a la que esa ley de mierda le parece una mierda.
Y cuestioné muy interesada semejante medida en una ciudad tan sucia.
Porque la isla es preciosa, pero la gente debe ser muy guarra y a los constructores de hoteles habría que cortarles las manos.
¿Qué decía, de qué estaba hablando? De lo mucho que me gusta hacer yoga, mentira. Seguro que era de la televisión. El otro día veía para mi estudio sobre la estupidez humana el programa ese de Sálvame, había un chico de unos veinte años, almita, poniendo a caldo a su ex por frívola, había tenido un hijo con ella y ella era hija de Isabel Pantoja, se habían separado y ahora ella no le dejaba ver al niño. Una de las colaboradoras atacaba acaloradamente al chaval porque no le estaba pasando dinero al chiquillo. Y el pobre se defendía de ese demonio de mujer como podía. Me dieron ganas de estar ahí y decir algo, incluso me dieron ganas de partirle la cara a la mujer grillo. Hubiera dicho
” Este hombre es su padre y esa madre no tiene derecho a quitarle a él lo que le corresponde.”
Sigo harta de muchas cosas y no me peleo por ninguna.
Cuando me atacan me canso. Luego se me pasa y me duermo. Si todo es un sueño yo me lo invento todo. Me he inventado a un Dios de andar por casa. Me dice “Si se pone el semáforo en verde, pasa, y punto.” Mi Dios es un Dios de las cosas simples, no me pone un hilo a ver si me caigo. Es más sencillo que eso. Yo camino mientras pasa todo.
Y no hay ni trenes, ni relojes, ni una luz al fondo del pasillo. Hay un oso panda mirándote fijamente y un cartel que dice

” Ábreme la puerta. ” Yo se la suelo abrir, claro.

– Viajamor 2 –

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