Viajamor en el desierto del Sáhara

Ha sido totalmente increíble. De hecho dudo mucho que no haya sido un sueño. Mi desorden ha encajado perfectamente en el desierto. Mañana cuando me despierte intentaré explicaros cómo era eso de que fue imposible leer un cuento sin que cada vez se me acurrucaran veinte adultos alrededor y se durmieran, lo de cómo se organizan las camas cuando hace frío en una jaima, os contaré de qué color eran las dunas, cómo paseaban los camellos salvajes por Tarfaya, la ilusión de unas gafas de bucear regaladas a tiempo, el sabor del desierto, la impresión de los flamencos en la laguna de Naila, el regalo que ha sido compartir con los hombres saharauis el olor del coño y el tamaño de la polla y normalizar eso, y reírme con ellos y girar alrededor de un libro. Os hablaré mañana de la fuerza de una mujer que se inventa un viaje, que me invita a su cuento y me enseña cómo manejarse en un mundo de hombres sin perder ni un poquito de feminidad, sin perder el control, sin dejar de bailar y de ser una reina.

Gracias María Álamo Quintana, he vuelto a casa con un libro más ancho, con un desierto en la frente y con más ganas. SAHARA EXPLORA es un manantial en abundancia. Mis bendiciones al proyecto y a tu arte, amiga.

A todos los que aparecisteis en el sueño, gracias, sois un regalo.

“A veces nacen flores que parecen personas. Y desiertos en medio del mar. Y vuela un cuento y alguien lo alcanza por el aire y se sienta al lado de alguien que se pone a escuchar.”

– Diciembre 2014- Viajamor en el desierto del Sáhara. –

Era como estar soñando, porque siempre había alguien que se dormía mientras yo hablaba. Desde la primera noche, cuando en mitad de la música empecé a contar un cuento y el mismo que cantaba se puso a tocar. Ni él me ofreció acompañarme ni yo le invité. Las cosas a veces tienen su orden y una se deja en paz. Empezaron a llover bajo la jaima palabras como jardines de un libro que se hacía cada vez más suave. Y la gente se iba quedando dormida.

Se habían colocado sin pensar en una esquinita de la jaima, y ahí se quedaron, todos juntos, como animales que nunca durmieron en jaulas.

La luna llena duró dos noches.

El segundo día tres camellos en en Tarfaya, uno negro, otro pardo, el más pequeño blanco. La laguna de Nayla es azul. Cinco barcas descoloridas y una playa de dunas blancas al final. Yo no sabía que en el mar había flamencos rosas, y que son tan altos y que también despierta las cosas aparecen así.

No sabía que iba el desierto a volverme más alta y más ancha. Y que dejaría en una duna un bosque donde una vez me quedé a vivir.

Era como estar soñando, porque había una casa de piedra en mitad del mar. Y un barco naufragado. Era como soñar, porque si lanzabas arena por el aire, en lugar de caer de nuevo, echaba a volar.

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