Hay un lagarto

Hacía mucho tiempo que no tenía tanto hambre. Como esa gente que al terminar de comer asegura que podría seguir comiendo. Lo mismo pero mezclando churros y tahin. Anoche estaba hablando Iker de los niños retornados, gente que recuerda muy pronto dónde estuvo antes. A Nahla si le preguntas siempre te responde que estaba en China. Me quedé dormida aunque me interesaba mucho y me he despertado al final de un sueño donde me nacía el principio de una enorme planta verde en el muslo derecho. He sentido cierta inquietud y un dolor desagradable al tocarlo. Quería quitarme eso pero nacía dentro de mí. Al mostrarselo a alguien, la planta ha crecido y se ha convertido en un lagarto verde que ha salido corriendo.

No tengo ganas de gente. Voy a respetarmelo. Voy a llevar a Nahla a ballet y vamos a volver a casa a pintar pájaros con brillantina y a ver la película de Pina Bausch en la que todos bailan. Hay una playa de cuatro kilómetros delante de mi casa y cada uno tiene su parte. Mi trozo es ese muro amarillo redondeado que entra en el mar y que es el primero en mojarse. Poca gente se sienta allí por eso y yo no me acostumbro a elegir lo más cómodo.

Echo de menos cosas que sé que echaré de menos más tarde. Las islas tienen eso. Te viven al borde de todos los cuentos.

Mi amigo el que come abrazos dice que no nos han enseñado a amar las flores. Nos gustan sólo cuando están abiertas. Ni al principio ni muertas. Y que por eso nos duelen las cosas cuando terminan, porque estamos envenenados de esplendores. Tiene toda la razón. Desde entonces solo le regalo capullos de rosas y él a mí flores muertas.

Dedico la mayor parte del día a no hacer nada, total, estamos durmiendo, ya de noche pasan todas esas cosas alucinantes, despierta descanso y hago lo mínimo. Ayer barrí.
Hay cierta obsesión con hacer, ¿no? Con tener que hacer algo y con los superobjetivos. Superobjetivo caca. Lo mejor es no traicionarte nunca, y estar donde quieres estar, y marcharte sin culpa ni vergüenza de los sitios y de la gente. Yo lo hago. Por eso la gente me odia y tengo tantos amigos. Cuando entraba antes en una casa, la casa se abría por la mitad. Ya no. Ya no me importa tanto nada. Ojalá prescindir de las palabras. Estar y callarte.

El otro día me dijo una muerta que después de todo lo que hay que hacer es morirse y ya está. Es difícil lo que hacemos, evitar lo inevitable todo el tiempo. Eso sí que es difícil. Todo lo difícil es lo más habitual. Qué absurdo todo.

Estoy cansada. No quiero nada más. Sólo barrer de vez en cuando la casa y seguir teniendo la capacidad de llegar y salir volando de todas partes.

No sé qué ha pasado en uno de los mundos paralelos en los que vivo que me ha cambiado todo en este y todo sigue prácticamente igual. Creo que me ha nacido alguien.

– ¿Qué hago en este planeta? -preguntas y me miras.

Me he despertado al final de un sueño donde me nacía una enorme planta verde en la pierna. He sentido un dolor intenso al tocarlo. Me lo quería quitar pero me nacía de dentro. Cuando te lo estaba enseñando la planta ha crecido y se ha convertido en un lagarto verde que ha salido corriendo por toda la casa.

Ahora hay un lagarto más en ese mundo y lo he parido yo por la pierna.

– Viajamor 2 –

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