La primera vez

La primera vez que me subí a un avión y crucé un océano iba de la mano de un hombre al que seguía a oscuras que me dejó una noche en la mano de otro hombre al que seguía a ciegas con el que vi tantos mares azules alucinantes que nació una niña. Me había especializado en no hacerme preguntas y en esforzarme mucho por los sueños de los otros y por los míos. He viajado hasta ahora con cuatro piernas siempre. Con cuatro o seis brazos que me abrazaban para que no tuviera miedo por nada. Yo, que en este cuadro puedo parecer una mujer que nunca ha cojeado, he sido una inválida hasta ahora. Me acostumbré a que hubiera siempre un hombre que cazara por mí y cuidara la hoguera. Pero una mañana me dormí y al despertar me había convertido en la protagonista de mi vida. Dejé de creer en el esfuerzo por las cosas, en el dolor, en la vocación, en el apego, en la pareja, dejé de creer que es imposible atravesar paredes y empecé a atravesarlas, abrí los ojos y me di cuenta de que podía viajar en el tiempo, aprendí a estar en varios sitios a la vez y me inventé una religión donde Dios soy yo y la única responsable de todo soy yo.
Ahora vuelo en un avión de Panamá a México dejando atrás a una niña de cinco años que me dice “Mami, yo puedo estar contigo siempre, aunque no esté contigo estoy contigo siempre” Se queda porque ahora le toca comerse a papá. Cuando llegue el otoño volverá. No hay dolor en este cuento. Hay dos personas que miran a una niña y después se miran a ellas mismas. Dice su papá “Cuando se va contigo me pongo contento, porque se va contigo.”
En este mundo en el que ahora vivo nace una flor cada vez que doy un paso que se supone que debería dolerme y deja de dolerme. Tengo una pregunta favorita sobre la que crece todo, “¿Y si no?” ¿Y si no fuera difícil despedirse de alguien a quien se ama? ¿Y si lo que he creído que me gustaba ya no me gusta? ¿Y si lo que me gusta no me cuesta ningún esfuerzo? ¿Y si no me tuviera que preocupar por nada porque yo no soy quien hace las cosas, si no Dios, es decir, yo? ¿Y si solo tengo que ser ligera, cada vez más ligera? ¿Y si amar consiste en eso? ¿Y si pudiera aparecer en México hoy a las dos de la tarde?

Estoy aquí, me ha parecido ver un puñado de flores que volaban por el aire.

#Viajamor

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