Cuando te das un golpe contra un muro y al muro le pasa lo mismo.

Después de tres días, de más de 300 comentarios en la página de Facebook, de más de mil likes y de cientos de veces compartido el último disparo a la cara de Viajamor (el post anterior), creo que podemos pasar a otras cosas. Ha sido muy bonito. No lo he leído todo, al 133 me cansé. Os he dejado ahí el cafetito para que habléis de vuestras cosas.
Es muy curioso comprobar cómo ante el mismo escrito, hay tanta discrepancia. Un texto tan breve, y qué revoltura. Tengo que reconocer que más o menos sin darme cuenta tengo la capacidad de saber tocar muy bien las pelot.. el coño. Es una enfermedad con la que he nacido y que tiene una cura que cuesta mucho dinero.

Voy a trascender la piedra del camino con la que nos hemos ido a topar, y os voy a contar un cuento. Escribo poco, muy muy poco, pero he aprendido a cocinar pollo en salsa como una Madre. Ahora no sólo me recordarán por lo bien que me salen las patatas fritas, sino que mis nietos gritarán que nadie hace el pollo como su abuela. El pollo y las empanadillas de atún. Hay grandes avances en mi vida.

Estaba leyendo un librito que empecé a escribir hace unos meses que es como una novelita, no sé si haré algo con ella, una bufanda, pero ahora me apetece compartiros un trocito. Los protagonistas aún no tienen nombre, por eso A y B. Es una historia de amor. No salen monstruos. El monstruo siempre soy yo.

1.

“A y B se quieren, pero no duermen juntos. A duerme con un hombre que la abraza y B lo mismo pero al revés.

Cuando A se lava los dientes se equivoca de cepillo y usa el de B. B se enfada y tiene que matar a A por un cepillo de dientes.
La película de A y B se podría llamar No me sale hablar con la boca llena de algodón o Se me ha metido algo en el ojo.

Hay algo muy azul en su relación, a veces me dan ganas de llorar. A escribe. B construye avioncitos de papel. Llevan media vida enviándose cartas de amor. No llegan nunca, se quedan dormidas por el camino en cualquier nido de cualquier árbol de cualquier bosque donde A y B se dan la mano sin darse cuenta.

Una vez B le dio un beso a A en forma de veinte ventanas cerradas. Se besaron sin abrir la boca. Como cuando estás besando a un muerto. A tuvo durante medio segundo la sensación de estarle entregando a B la vida por la boca pero B asegura que no se enteró de nada.

(…)

Es como si nunca fuéramos a morir.

– Cuando tú te mueras.
– Yo no me voy a morir nunca.

(…)

Una vez B se dió un golpe fuerte en la cabeza. Sintió como si se le hubiera metido dentro el muro de piedra. Lo bueno fue que el muro sintió lo mismo y dejó a B la sensación de haber perdido algo que le faltaba.

(…)

Es muy difícil abrazar a alguien de cerca. Se quedan separados los cuerpos, como si no se tocaran. A sabe abrazar a B por el aire.

– Cierra los ojos.

(…)

B tiene miedo de atarse un hilito a la vida de A y no poder soltarlo. A vive en ese hilito.”

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(Buenas noches. No sé quién ha hecho eso tan bonito, pero el bosque lo conozco.)

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