Una mano que en lugar de apretar, empuja

El tiempo de vida de un pelo es de aproximadamente siete años, todos los días se nos caen hasta ciento veinte sin que nos demos cuenta, se los lleva el aire, el tirón de una niña que te salta encima porque se aburre, la mano de un hombre al penetrarte, tú misma en los puñados que sueltas por las ventanas, que pisotean los otros, que pierdes.
El pelo es un ser vivo que nace, crece, se corta y muere.

Faltan tres semanas para que mil copias de algo que tendré que llamar por mi nombre salga disparado de una máquina, sea envuelto en plástico y empaquetado en varias montañas de ciertos kilos para correr a mis piernas. Ya tengo más de cien hilos atados a vuestras casas. Faltan cincuenta más que en tres semanas me ayuden a a-pagar todas las velas de la tarta.

Es ahora cuando más necesito que os enredeis en el cuento, porque quien no tiene jefes ni manos apretándole el cuello, vive en reinos donde los libros también piden pan.

Hemos conseguido la primera mitad, ahora vamos a prepararnos para el último empujón. Si vas a querer #Viajamor2 sé uno de esos 50. Escríbeme mejor ahora que después voy a ser yo la que llegue a tu casa.

viajamor@gmail.com

Que todo lo putrefacto nos huela a vida explotándonos en la cara.

#Viajamor2 La putrefacción de las cosas. Noviembre 2015

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Un comentario en “Una mano que en lugar de apretar, empuja

  1. Mis pelos murieron hace mucho tiempo, y no por ser viejo, desertaron porque no aguantaban el frenesí de mi vida y ahora me he quedado como un goloso de mi propio invento, un abrazo.

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