La magia de lo real

“Voy a poner de moda la felicidad.” Decía García Marquez el otro día en el documental “Gabo, la magia de lo real.” No me supo a casi nada la película, se quedó muy lejos de la impresión de sus libros, del sonido de los pasos de la gente por la selvas de Macondo. Hace años que veo cine como quien va al gimnasio, todos los días y para adelgazar. No me interesa en absoluto el deporte; ni correr, ni estirar… Yo si me canso me siento. Y eso que de adolescente en las absurdas clases de gimnasia era la única que daba la voltereta en el potro y saltaba el plinton mientras mis compañeras respetaban su susto y miraban a los chicos saltar. “Voy a poner de moda la felicidad.” Dice mi novio el de lejos que admira mi entrega total a la maternidad, que me entrego como si fuera un arte marcial. Pues sí. La mujer empoderada que aprende a cocinar, que echa de menos saber coser, que cuida, que está contenta, que no se queja ni de la teta, ni de los niños, que da de comer a cualquier hora, que come cuando tiene hambre y duerme cuando quiere dormir. Tenemos una familia peculiar… 
Primero tuve una hija con un hombre; como estaba enamorado del mar, se quedó en el mar. Desde los tres años de la niña vivo con otro. Él es su otro padre. Un día me dijo “Si vas a excluirme y a criarla sola, prefiero irme.” Y se quedó, y fue a comprarle su pollo y aprendió a caminar al ritmo de una niña de tres. Con él tuve otro hijo. El día que nació, la primera no estaba. Lo conoció un mes y medio después, sin el padre del segundo y con su propio padre. Los primeros días de la mujer con sus dos hijos fueron con el primer marido. Dentro de dos días volverá el segundo para empezar a convivir en el nuevo orden de la familia por primera vez. Dos meses después.
A mí que se me hinchaba la boca hablando de poliamor, qué palabra más fea. Era mejor llamarlo “unión libre”, “amigos de amor.” Amor amor… cualquier mierda es amor. Cada vez me relaciono mejor por messenger y por whatsapp, cada vez necesito menos una relación “normal.” De pareja lo llaman. Pareja. ¡Qué ganas siento de separarme cuando alguien me habla de una separación! ¡Qué alegría decir adiós! ¡Cuánto espacio en una separación!
Yo no tengo una relación “normal”. Lo mío con ese hombre tan guapo funciona porque yo tengo mi camino y él tiene el suyo, y por esos senderitos todos los días nos queremos tocar. No es mi mejor amigo, no es mi maestro ni mi amor. No sé qué significa amor. Me gusta vivir con él. Compartir la casa. Verle todos los días. Dejar de verle también. No nos necesitamos para vivir. Tenemos una frase que nos decimos a veces por wasap: “Estoy muy bien contigo, pero sin ti también estaría bien.” No ve las películas conmigo, a veces se las cuento y lloro, porque me emociono con facilidad con la gente que inventó un lenguaje. Respeta mi amor por otros. Yo aprendo a respetar los suyos. ¡Hay que respetarse o dejarse! ¡Carajo!
Tenemos televisión. Veo Wild Frank. Si alguna vez me picara un escorpión inmovilizaría la mano y empezaría a los cinco minutos a moverla para que ayudara la sangre al circular. 
Todos los días vamos a la playa. Todos sin excepción. “Voy a poner de moda la felicidad”, decía Gabo en el documental.
#viajamor

Más en Instagram: viajamor.elenaalonso

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