El patio de yuyos

​Ahora que no escribo que escriban otros. Que ya llegará el día con el tiempo para contar mis cuentos, por ahora, escuchad a los que vienen conmigo. Claudio Lopez, Ded, el editor de Viajamor 1 porque me quiso, desde Chile. Habla Claudio… que yo te escucho bajo los yuyos.
“Mi papá nos contaba que él había trabajado en miles de oficios, había sido ovejero en Coyhaique, piloto de helicópteros, mecánico de aviones, minero en el norte, mariscador en Ancud, paracaidista en el cielo, cocinero en el mercado central, marino en Talcahuano, camionero interamericano, astronauta marino, fue Cuatruchi, con su amigo Goyeneche, bromenado en las farmacias de Algarrobo. Fue el gran amigo de las hermanitas Butachauque, y director técnico del club de furbol “Tres tiritas de guano”, solo que él fue contador de profesión y siempre trabajó en eso.

Fue un gran tangómano. Conocía todos y cada uno de los cantantes de tango que existen, sabía de cuándo era tal o cual grabación. Su favorito es sin lugar a dudas, Roberto Goyeneche, el polaco, y heredó ese gusto no solo a nosotros si no también a sus nietos, tanto así que su bisnieta que nació hace algunos días se llama Malena, como el tango; a tal punto conocía la trayectoria del Polaco, que una vez corrigió a un famoso locutor de una radio argentina especialista en tangos sobre la fecha de una grabación de Goyeneche y mi papá tenía razón y los argentinos lo corrigieron.

Fue un hombre íntegro, derecho, de izquierda, republicano, agnóstico, ateo gracias a dios y a la virgen santísima, como él mismo lo decía siempre, sin embargo con un riquísimo mundo espiritual y siempre tolerante de los otros. Bailarín de tango como no hay otro. Enorme sibarita hasta que tuvo que cambiar la comida por insulina. Zurdo de nacimiento. Tremendamente cariñoso, con una infinita paciencia, con nosotros, sus hijos y con sus nietos, de esos abuelos que dejaba que las nietas pequeñas lo peinaran y le pusieran colets… Trabajador de oficina, incapaz de hacer un huevo frito… pero con el paso del tiempo a los 80, le llevaba el desayuno (que lo hacía él solito), a mi mamá todos los días. En definitiva un hombre enorme, que la última vez que lo tuvimos en persona, el día que cumplió 80 años, estaba pleno y alegre, ese día igual como siempre, contagiándonos esa enorme alegría que siempre supo tener… ese día, un día después de que se enterara de que tenía cáncer al pulmón, nos hizo reír a todos, incluso cuando tomó la decisión de no hacerse tratamiento… ese día, 18 días antes de partir… mientras le cantábamos una cueca escrita en su honor…. se despidió de mi, de nosotros… solo nos pidió que lo ayudáramos si tenía dolores.. que le consiguiéramos unos pitos… y en eso estábamos cuando esa mañana, muy digno, muy de hombre sabio… dijo temprano en la mañana a  mi madre, “estoy muy cansado, negra”… y así.. sin ningún berrinche.. se fue…”

– Claudio Lopez, Temuco, Chile. Mi otro gran amor.

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