Reyes. Gigantes.

Y aquí, echándose una cervecita, los padres de las criaturas, amigos. Los amé siempre, los odié a ratos, los lloré como una tonta cuando el guión exigía hacer el tonto y les crié con todo lo que más quisieron, una niña y un niño. Ellos me eligieron como mujer primero, definitivamente como madre. Si mañana cualquiera de los dos necesitara un órgano, se lo daría. Están siempre. No importa con cuál me sigo peleando por tonterías diariamente. Son Álvaro e Ivan, los hombres con los que un día invocamos en acto de amor a Nahla primero y a Newen después. Reyes del cuento. Gigantes. Compañeros imprescindibles. 

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