Besar con lengua

A veces siento por este hombre tanto amor que exploto. En esos momentos me preparo una tostada de mantequilla con mermelada de albaricoque y lo hago acompañar de una leche de avena con bambú. Gracias a Él ya no como tanta mierda, pero gracias a Dios no me he olvidado de ella. Y relativizo. Todo. Todo el tiempo. Cuando tengo la oportunidad me gusta besarle como si tuvieramos quince, él me corresponde, porque también los tuvo. Celebramos entonces juntos el gusto de no tener que competir con nadie para tenernos y la comodidad de poder viajar en trenes de primera clase. A diario yo he puesto por delante la vida de dos personas que se lo merecen. Él lo acepta porque eligió desde el principio esa manera y a esa madre. A veces, sin que él lo sepa, imagino el día, dentro de seis o siete años, en que estemos solos porque los niños estén sin nosotros, imagino que vamos al cine juntos, y a tomar un vino, y que de noche leemos una al lado del otro, y que tenemos tiempo para mirarnos. Y que nos interesamos. He decidido llamarme romántica y apoderarme del término, robárselo a los que no saben mantenerlo. Me gusta Ivan, no sé si alguna vez lo he dicho. Me gusta Ivan y lo que regala Ivan desde la Tierra, al cielo. 🎇

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